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La Sayona de la Plaza Bolívar

Fantasía Historia tocuyana📍 El Tocuyo3 min de lectura
Nota: Esta es una historia de tradición oral o de ficción ambientada en El Tocuyo y el Municipio Morán. Mezcla folklore venezolano y elementos inventados. No es un texto histórico.

La Sayona de la Plaza Bolívar

No es la Sayona que persigue infieles. Esa es otra. → La Sayona tradicional de El Tocuyo

Esta es una mujer vestida de negro, alta, joven, hermosa, que aparece en la Plaza Bolívar de El Tocuyo en las madrugadas frías. Siempre en el mismo banco, frente a la estatua del Libertador. Siempre con la mirada fija en el camino que viene del oeste, el camino por donde antes llegaban los soldados de las guerras de independencia.

Le dicen Sayona porque va de negro y porque es bella. Pero no busca a nadie. Está buscando a uno.

La historia se cuenta así. Año 1813. La Batalla de los Horcones se peleó el 22 de julio cerca de Barquisimeto. Tocuyanos lucharon ahí. Uno de ellos, Anselmo Crespo, era novio de María Eulalia Ramírez, una muchacha del barrio del río. Le había prometido volver vivo y casarse.

Anselmo no volvió.

María Eulalia esperó. Los meses se hicieron años. Los años se hicieron décadas. María Eulalia se quedó soltera. Vestía de negro todos los días, luto eterno por un novio del que nunca recibió noticia oficial. No estaba muerto en los registros militares. Estaba "desaparecido en combate".

Cada noche, hasta el final de su vida, María Eulalia salía a la plaza. Se sentaba en el mismo banco. Esperaba.

Murió a los ochenta y dos años, sin haber vuelto a saber de Anselmo.

Por eso ahora, ciento cincuenta años después, sale a esperar. Su alma. No para asustar a nadie. Para terminar de esperar.

Los serenos del centro de El Tocuyo, los policías nocturnos, los muchachos que cruzan la plaza después de una cantina, a veces la ven. Está sentada con la espalda muy derecha. Manos cruzadas en el regazo. La mirada perdida hacia el oeste. Igual durante horas.

Si uno se acerca con respeto, no huye. Se queda quieta. Si uno le habla con cariño —"Buenas noches, señora"—, a veces gira lentamente la cabeza. Y se ve una cara joven, pálida, hermosa. Y los ojos llenos de paciencia.

Una vez, hace pocos años, un señor mayor que ya sabía la historia, se le sentó al lado en silencio. Le tomó la mano. Le dijo:

María Eulalia, Anselmo no llegará. Pero él tampoco la olvidó. Donde está, sigue queriéndola. Vaya con Dios.

La mujer giró la cabeza. Lo miró fijo. Y dicen que una lágrima muy lenta le bajó por la mejilla.

Después le sonrió. Le apretó la mano. Y desapareció.

El señor mayor cuenta que esa noche durmió en paz como hacía años no dormía. Y que en las semanas que siguieron, varios tocuyanos confirmaron que la Sayona de la Plaza Bolívar no había vuelto a verse.

Por unos meses, no.

Pero después volvió. Porque dicen los que saben que las almas en espera no se van del todo con una sola palabra. Necesitan más. Necesitan que muchos les digan, muchas veces, que ya está bien, que pueden descansar.

Por eso, si una madrugada tú cruzas la Plaza Bolívar de El Tocuyo y ves a una mujer joven vestida de negro sentada en un banco, no le tengas miedo. Acércate. Dile —si te atreves— que Anselmo está esperándola del otro lado. Que ya peleó su batalla. Que ya cumplió. Que la espera del otro lado.

Algún día, entre todos los que se lo digan, María Eulalia se irá. Y la plaza estará al fin tranquila.

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