Como toda ciudad colonial venezolana con casi cinco siglos de historia, El Tocuyo guarda un repertorio rico de leyendas, espantos y mitos que se transmiten de generación en generación al calor del fogón, en los velorios y las tertulias familiares. Algunas son variantes locales de mitos venezolanos universales —La Sayona, El Silbón—; otras son estrictamente tocuyanas, vinculadas a sus conventos, ríos y haciendas.
Esta es una guía de las principales. Las recogemos como tradición oral: no buscan ser verdad histórica documentada, sino reflejar el imaginario cultural larense.
La Sayona del río Tocuyo
La Sayona es la leyenda más extendida en Venezuela —llanera de origen— y también la más temida. Se aparece a hombres infieles que regresan tarde a casa por caminos solitarios. La descripción general es siempre la misma:
- Mujer alta y delgada, de cabello largo negro.
- Vestida de blanco con vuelos amplios.
- Rostro de calavera al acercarse el viajero.
- Risa estremecedora y voz que llama por nombre.
La leyenda original cuenta de una mujer celosa que mató a su marido y a su madre tras descubrir el adulterio. La madre, moribunda, la maldijo: «Sayona serás para siempre, y vagarás espantando a los hombres infieles hasta el fin de los tiempos.»
La variante tocuyana sitúa a la Sayona en los caminos del valle del río Tocuyo: especialmente en zonas rurales del Municipio Morán, donde se cuenta que aparece a viajeros nocturnos en los puentes del río y en los caminos hacia los Humocaros.
Los espantos del Convento
La tradición popular tocuyana sostiene que los conventos coloniales en ruinas —especialmente la zona del antiguo convento de Santo Domingo, destruido por el terremoto de 1950— son recorridos por almas en pena. Los relatos son varios:
- Monje sin cabeza que pasea de noche entre las ruinas, con el hábito blanco-negro de los dominicos.
- Voces espectrales que rezan en latín en horas silenciosas, oídas por vecinos del centro.
- Procesiones fantasmas de monjas con velas encendidas que cruzan la plaza al amanecer.
- Campanas que tocan solas en las noches de luna llena, especialmente cerca del aniversario del terremoto (3 de agosto).
Estos relatos son parte del folclore urbano tocuyano y se cuentan especialmente a los visitantes y a los niños. No tienen documentación académica pero son uno de los rasgos distintivos de la ciudad: el sismo dejó ruinas, y las ruinas alimentaron la imaginación popular.
El Pacto del Trapiche
Tradición oral común en toda la zona azucarera larense, incluido El Tocuyo. Cuenta que algunos hacendados de los trapiches coloniales y republicanos —apremiados por malas zafras y deudas— hicieron pactos con el diablo para asegurar producciones extraordinarias.
La estructura del relato es siempre similar:
- El hacendado, en una noche desesperada, llama al diablo en el cañaveral.
- Aparece un hombre vestido de negro montado a caballo blanco, que ofrece un trato.
- A cambio del alma del hacendado al morir, garantiza zafras espléndidas durante siete años.
- Pasados los siete años, el hacendado intenta engañar al diablo —algunos buscan refugio en monasterios, otros prometen ofrendas a la Virgen—, pero el diablo siempre cobra al final.
Cuando el hacendado muere, lo entierran en cementerio cristiano pero a la mañana siguiente la tumba aparece vacía y revuelta. La leyenda dice que el alma fue al infierno y el cuerpo fue arrastrado al cañaveral, donde a veces se ven luces extrañas en las noches de zafra.
El Silbón en el valle del Tocuyo
El Silbón es leyenda originalmente llanera (Apure, Barinas, Portuguesa), pero se cuenta también en zonas rurales del centro-occidente venezolano, incluido el valle del Tocuyo y los alrededores de los Humocaros. La historia es siempre la misma:
Un hijo, en disputa con su padre, lo mata. La madre —al saberlo— maldice al hijo y lo condena a:
- Vagar para siempre con los huesos del padre en un saco al hombro.
- Anunciarse con un silbido descendente en escala cromática que da nombre a la leyenda.
- Espantar a los borrachos y trasnochadores: si el silbido se oye lejano, el Silbón está cerca; si se oye cerca, está lejos.
En el oriente larense la leyenda se mezcla con otras tradiciones: algunos cuentan que el Silbón pasea por los caminos rurales en las madrugadas, cerca de los molinos y trapiches abandonados.
La Bola de Fuego
Otra leyenda venezolana extendida en Lara: una bola de fuego que cruza el cielo en las noches sin luna, asociada a:
- Brujas que se transforman para volar a sus aquelarres.
- Almas malditas que arden por sus pecados.
- En algunas variantes: presagios de muerte —si pasa cerca de una casa, alguien morirá pronto—.
La Llorona
Variante local de la leyenda mexicana y latinoamericana de La Llorona: mujer espectral que llora por sus hijos perdidos cerca de los ríos. En El Tocuyo se sitúa en las orillas del río Tocuyo, en zonas donde el río tiene pozos profundos.
El Encanto del Río
Leyenda más estrictamente larense: un encanto —espíritu femenino— habita los pozos del río Tocuyo y atrae a los hombres jóvenes para llevárselos al fondo. Los pescadores ancianos cuentan que ciertos silbidos suaves del agua son la voz del encanto y que los más imprudentes nunca regresan.
Su valor cultural
Las leyendas tocuyanas cumplen las mismas funciones que en cualquier tradición oral: educar a los jóvenes sobre los peligros (caminos solitarios, infidelidad, exceso de ambición), poblar de sentido los espacios (ruinas, ríos, haciendas), mantener viva la memoria de tragedias pasadas (el terremoto, las zafras malas, las muertes en el río) y ofrecer entretenimiento en las noches sin electricidad.
Hoy, con la electricidad, el internet y el cine, las leyendas retroceden pero no desaparecen. En las casas tocuyanas, especialmente en las parroquias rurales del Municipio Morán —Anzoátegui, Bolívar, Hilario Luna y Luna, La Candelaria—, los abuelos siguen contando estas historias a los nietos, manteniendo viva una tradición que tiene siglos.
Si pasas una noche en El Tocuyo o en los Humocaros, pregunta. Casi siempre hay alguien dispuesto a contar.