Durante más de tres siglos, El Tocuyo fue una de las grandes ciudades textiles de Sudamérica. Su tejido —un lienzo de algodón crudo grueso, fuerte y barato— se exportó a Nueva Granada, Quito, Perú, Argentina, Chile, España, Francia e Inglaterra. La palabra tocuyo entró al español hispanoamericano como nombre genérico de cualquier tela rústica de algodón: uno de los pocos casos en la historia mundial en que el topónimo de una ciudad se convirtió en sustantivo común.
Origen: los telares de Pérez de Tolosa (mediados del siglo XVI)
Tras la ejecución de Juan de Carvajal en 1546, el juez Juan Pérez de Tolosa y su sucesor Juan de Villegas impulsaron la economía de El Tocuyo. Una de las decisiones más determinantes fue establecer telares oficiales en la ciudad para aprovechar el algodón que se cultivaba abundantemente en el valle.
Hacia 1563, El Tocuyo ya producía suficiente lienzo como para recibir el título oficial de «Muy Leal Ciudad de El Tocuyo» y para que la Corona dictara ordenanzas específicas sobre la calidad y la exportación del tejido.
La etimología popular: «cuyu», torcer el hilo
El cronista Juan de Arona propuso una etimología popular del nombre tocuyo: derivaría del quechua «cuyu», que significa «torcer el hilo con las manos». La hipótesis es plausible si se considera que parte de los esclavos y mano de obra que torcían el algodón en El Tocuyo provenían de zonas con influencia quechua. Sin embargo, otras etimologías lo asocian al nombre del río o a una voz local.
Las ordenanzas de Hoz Berríos (1621)
En 1621, el gobernador Francisco de la Hoz Berríos dictó ordenanzas que obligaban a las indias de las encomiendas tocuyanas a hilar algodón para los encomenderos. Estas ordenanzas consolidaron la industria del lienzo durante el siglo XVII y le dieron a El Tocuyo el carácter de polo manufacturero de la Provincia de Venezuela.
La ruta de exportación El Tocuyo–Tunja
La principal ruta comercial era El Tocuyo → Tunja → Bogotá, desde donde el lienzo se distribuía hacia Quito y Perú. Otras rutas alcanzaban:
- Argentina y Chile, vía el camino real del Alto Perú.
- España, vía Cartagena de Indias.
- Francia e Inglaterra, vía Hamburgo y Ámsterdam.
Es decir: la tela barata producida por las hilanderas indígenas y los tejedores tocuyanos se vestía en mercados que iban desde Buenos Aires hasta Londres.
Usos del lienzo tocuyo
- Camisas y ropa de trabajo de campesinos y mineros.
- Ropa de cama y mantelería de hospitales, conventos y familias humildes.
- Sacos para mercancía: harina, café, cacao, azúcar.
- Soporte pictórico: los pintores sudamericanos —incluido el Pintor del Tocuyo— adoptaron el lienzo tocuyo como alternativa local al lino europeo.
- Velas de barcos y aparejos navales en algunas variantes más resistentes.
«Tocuyo» como sustantivo común
La popularidad y disponibilidad del tejido tocuyano fue tal que el nombre de la ciudad pasó a designar genéricamente el tipo de tejido. En el español hispanoamericano del siglo XVII y XVIII, decir «un tocuyo» equivalía a decir «una tela rústica de algodón», sin importar dónde se hubiera producido. El término sigue vivo hoy en algunos países —Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú— como nombre genérico de tela gruesa de algodón crudo.
Pocas ciudades en el mundo han logrado dar su nombre a un sustantivo común. El caso del lienzo tocuyo es comparable al del Damasco (telas damascadas) o el Kashmir (lana cachemir).
Decadencia
La industria del lienzo entró en decadencia en el siglo XIX por varios factores:
- La independencia rompió las redes coloniales de exportación.
- La industrialización inglesa abarató dramáticamente el algodón industrial, contra el cual los telares manuales tocuyanos no podían competir.
- La caña de azúcar y el café tomaron el lugar del algodón como cultivos principales del valle.
- La política aduanera de la Gran Colombia y luego de la Venezuela republicana no protegió la manufactura local.
A comienzos del siglo XX, el lienzo tocuyo había desaparecido como industria comercial, aunque su recuerdo permaneció en el habla y en algunos talleres familiares.
Hoy
Algunas iniciativas contemporáneas han intentado recuperar el oficio del lienzo en El Tocuyo y los Humocaros como producto artesanal de turismo cultural y memoria histórica. La Casa de la Cultura «Don Eligio Anzola Anzola» conserva piezas de telar y muestras de los tejidos coloniales.
Para los tocuyanos, el lienzo es un orgullo perdido y, al mismo tiempo, una de las pruebas más concretas de que su ciudad ocupó alguna vez un lugar destacado en el comercio mundial. Cada vez que en cualquier rincón de Sudamérica alguien dice «un tocuyo» para nombrar una tela, honra sin saberlo a la ciudad madre de Venezuela.