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El Tocuyo bajo tierra

Terror Historia tocuyana📍 El Tocuyo2 min de lectura
Nota: Esta es una historia de tradición oral o de ficción ambientada en El Tocuyo y el Municipio Morán. Mezcla folklore venezolano y elementos inventados. No es un texto histórico.

El Tocuyo bajo tierra

Cuando empezaron las obras de la nueva Iglesia de la Inmaculada Concepción —después del terremoto del 50—, hubo que excavar profundo. La ciudad colonial se había venido abajo y los nuevos cimientos tenían que ser fuertes. Trabajaron docenas de obreros tocuyanos durante meses.

Uno de ellos era Demetrio Linares, un albañil joven, casado, con dos hijos.

Una tarde de noviembre de 1955, mientras cavaba en un sector apartado del solar, Demetrio sintió que la pala chocaba con algo duro. Pensó que era una piedra grande. Siguió picando. Pero no era piedra. Era un escalón de cantería.

Llamó al capataz. Vinieron varios obreros. Limpiaron el área. Apareció una escalera de piedra antigua, en perfecto estado, que bajaba en línea recta hacia abajo, hacia la oscuridad. No tenía polvo. Las piedras estaban como recién talladas. Y bajaba mucho. Mucho más de lo razonable.

—Esto es de la antigua iglesia colonial —dijo el capataz—. Una cripta. Hay que avisar al cura.

El cura mandó tapar la escalera. Dijo que era zona sagrada y que no se podía perturbar a los muertos coloniales. Echaron tierra. Pusieron cemento encima. Levantaron una columna de la iglesia justo sobre la entrada. Se acabó el asunto.

Pero Demetrio no podía dormir.

Una noche, dos semanas después, se fue solo a la obra. Llevaba pala, mecate, una lámpara de queroseno. Pensó: "yo necesito saber qué hay abajo. Aunque sea solo mirar".

Cavó. Encontró otra vez la escalera. Se ató el mecate a la cintura, lo amarró a una columna, y bajó.

Su esposa lo encontró al día siguiente. El mecate estaba cortado limpio, como con cuchillo. La lámpara, apagada. La pala, abandonada. Demetrio, no.

La policía de El Tocuyo hizo un acta. Los curas oraron. Los albañiles cerraron de nuevo el hueco con tres metros de concreto y rezos.

Pasaron los años. Demetrio nunca apareció. La familia lo lloró. La esposa se casó otra vez. Los hijos crecieron.

Pero hay quien dice que Demetrio sigue abajo.

Cuentan los más viejos del pueblo —los que trabajaron en aquella obra— que la escalera no llevaba a una cripta colonial. Llevaba a otra ciudad. Una ciudad debajo de El Tocuyo, hecha por los indios caquetíos antes de la conquista, con calles, plazas, templos. Una ciudad donde el tiempo no pasa. Y donde Demetrio entró sin invitación.

Algunos dicen que en ciertas noches —especialmente cuando hay terremoto, aunque sea chiquito— se oyen golpes secos en el piso de la iglesia, en el sector donde estaba la escalera. Como si alguien picara desde abajo con una pala. Como si alguien quisiera salir.

El sacristán nuevo, el que reemplazó a don Bartolo hace muchos años, dice que él no oye nada. Pero ya no se queda solo en la iglesia después de las nueve. Por si acaso.

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