ELTOCUYO.COM

El Diablo del Camino a Quíbor

Folklore Historia tocuyana2 min de lectura
Nota: Esta es una historia de tradición oral o de ficción ambientada en El Tocuyo y el Municipio Morán. Mezcla folklore venezolano y elementos inventados. No es un texto histórico.

El Diablo del Camino a Quíbor

El camino real entre El Tocuyo y Quíbor —antes de que pavimentaran la carretera moderna— era un camino largo, de tierra colorada, que pasaba por lomas y bajaba a cardonales secos. La gente lo recorría a caballo o en mula. Tardaba un día entero. Y en ciertos puntos —siempre los mismos— se aparecía el bien vestido.

Le decían así porque nunca se mostraba con su forma verdadera. Se aparecía como un hombre alto, blanco, vestido a la usanza de los hacendados ricos: camisa blanca planchada, sombrero panamá, botas relucientes, reloj de cadena. Hablaba español de Caracas, no acento larense. Y siempre estaba parado junto a un árbol, fumando un tabaco que no se acababa nunca.

Los arrieros que viajaban solos eran sus víctimas favoritas.

Buenas tardes, compadre. ¿Va para Quíbor? —decía con voz suave—. Le falta mucho. Yo le acorto el camino, si quiere.

Algunos lo conocían por la fama y le contestaban: "Vade retro, Satanás", y se persignaban tres veces. El hombre se iba, sin enojo. Esperaba al siguiente.

Pero los que no sabían, los que venían de lejos, los que llevaban prisa o tenían deudas, se confiaban.

—¿De verdad, señor? —preguntaba el arriero—. ¿Y cómo me acortaría usted?

El bien vestido se sacaba un pañuelo blanco del bolsillo.

—Camine derecho una hora más, hasta una piedra grande con un agujero. Pase por debajo del agujero. Cuando salga del otro lado, estará en Quíbor.

El arriero ingenuo daba las gracias. Apuraba la mula. Llegaba a la piedra. Pasaba por el agujero.

Cuando salía del otro lado, no era Quíbor. Era el infierno, o algo parecido a un infierno. Un valle quemado, sin agua, con esqueletos de mulas viejas y huesos blancos por todas partes. Y de pie en medio del valle, esperándolo, el bien vestido sonreía.

Bienvenido, compadre. Ahora hablemos del precio.

Los arrieros que volvían —pocos, muy pocos— decían que el diablo no quería oro. Quería años. Quería firmar un papel que se firmaba con sangre del dedo gordo. A cambio prometía riqueza, mujeres, salud, lo que se pidiera. Pero la mitad de tus años. Te los descontaba.

Algunos firmaron. Volvieron a El Tocuyo ricos. Vivieron diez años más con todo el dinero del mundo. Y a los diez años, murieron de golpe, sin enfermedad, sentados en una silla. La gente del pueblo entendía: se les había cumplido el plazo.

Otros, los más sabios, no firmaron. El diablo, fastidiado, los devolvía al camino por el mismo agujero. Pero antes les decía:

Vuelve cuando estés desesperado. Aquí estaré.

Por eso, en El Tocuyo, los abuelos enseñan: el diablo no te asalta. Te espera. Espera a que tengas miedo, a que tengas hambre, a que tengas deuda. Y entonces aparece, bien vestido, sonriendo, ofreciendo un atajo.

El secreto, dicen los viejos, es no creer en atajos.

Cómo llegar de El Tocuyo a Barquisimeto vía Quíbor (camino moderno)
Más historias tocuyanas

diablocamino quiborpactofolklore venezolano

Más historias de folklore