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El Aparecido del Cementerio Inglés

Folklore Historia tocuyana📍 El Tocuyo2 min de lectura
Nota: Esta es una historia de tradición oral o de ficción ambientada en El Tocuyo y el Municipio Morán. Mezcla folklore venezolano y elementos inventados. No es un texto histórico.

El Aparecido del Cementerio Inglés

Pocos saben que en El Tocuyo, en el siglo XIX, vivieron comerciantes ingleses. Llegaron por el negocio del café y del cacao, montaron casas con techo a dos aguas, se casaron con tocuyanas, y muchos murieron acá. Como no eran católicos, no podían enterrarse en el cementerio principal. Así que la comunidad inglesa compró un pedazo de tierra apartado y montó un pequeño cementerio protestante, con cruces de hierro forjado en lugar de cruces de cantería.

Ese cementerio ya casi no existe. Las casas crecieron alrededor, el terreno se vendió, las lápidas se rompieron. Solo queda una pared baja con musgo.

Pero de ahí sale el Aparecido.

Es un caballero rubio, alto, vestido a la moda del 1880: traje cruzado oscuro, sombrero de copa baja, polainas grises. Habla español con acento extranjero. Aparece sobre todo en las tardes, justo cuando se va el sol.

Excuse me, señor —le dice al primer transeúnte—. ¿Puede usted decirme cómo llegar a la hacienda La Esperanza, propiedad del señor Henderson?

Lo malo es que la hacienda La Esperanza no existe desde hace cien años. Y el señor Henderson murió antes que se construyera la nueva iglesia.

Los tocuyanos que se topan con el Aparecido al principio no saben. Le contestan amablemente, intentan ayudarlo. Le dicen el nombre de calles modernas. El caballero pone cara de no entender, hace una pequeña reverencia con el sombrero, y desaparece.

Solo entonces el tocuyano se da cuenta de que el caballero caminaba sin tocar el piso. Y de que, mirando atrás, ya no había nadie.

Cuentan los viejos que el Aparecido es el alma de un comerciante inglés que murió de fiebre tropical en El Tocuyo en 1882. Iba camino a su hacienda a casarse con una muchacha tocuyana, pero se enfermó en la posada de la calle Real y murió antes de poder verla. Lo enterraron rápido en el cementerio inglés, sin demasiada gente, sin demasiado luto.

La muchacha tocuyana se casó después con otro y vivió hasta vieja.

Pero el alma del inglés se quedó buscando la hacienda donde lo esperaba el amor que no llegó a vivir.

Algunos tocuyanos de hoy, cuando ven al caballero, ya saben qué hacer. Le contestan suavemente:

—Señor, la hacienda La Esperanza ya no existe. La señorita Catalina lo esperó mucho. Pero ya descansó en paz.

El caballero se queda un instante callado. A veces sonríe. Hace su reverencia. Y desaparece.

Dicen que cada vez que un tocuyano lo trata así, el Aparecido se aleja un poco más del cementerio. Que algún día, cuando le hayan repetido bastantes veces que su amor descansó en paz, él también descansará. Y ya no saldrá más.

Pero todavía lo hacen falta varias generaciones.

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