Catalina de Miranda: la mujer juzgada por la Inquisición en El Tocuyo
Pocas historias de la Venezuela colonial son tan extraordinarias como la de Catalina de Miranda, una mujer española que terminó procesada por la Inquisición en El Tocuyo en 1577. Su caso —documentado en los archivos del Santo Oficio de Cartagena de Indias y de Sevilla— es una de las ventanas más vivas a la vida íntima del siglo XVI venezolano.
Origen y primeros pasos
Catalina nació en Sevilla alrededor de 1530. Hija de familia humilde, llegó muy joven a las Indias huyendo de la pobreza y de un primer matrimonio infeliz. Como tantas otras mujeres del siglo XVI, aprovechó la enorme distancia que separaba América de la metrópoli para reinventarse.
Pasó por Santo Domingo, Margarita, Coro y Borburata, y acabó instalándose en El Tocuyo hacia 1560, cuando la ciudad era la cabeza de la Provincia de Venezuela y vivía su época de mayor esplendor.
Cinco matrimonios
Catalina fue acusada formalmente de haber contraído al menos cinco matrimonios estando vivos sus maridos anteriores —bigamia múltiple—. La acusación incluía:
- Un primer marido abandonado en Sevilla.
- Un segundo en Santo Domingo.
- Un tercero en Coro.
- Un cuarto en Borburata.
- Y un quinto, Pedro de Lugo, vecino principal de El Tocuyo.
En cada nueva localidad presentaba testigos falsos que afirmaban que ella era viuda, y obtenía nuevas dispensas eclesiásticas. Para los estándares de la época, era un escándalo monumental.
Acusaciones de hechicería
Más grave aún para los inquisidores, Catalina fue señalada de practicar hechicería, herbolaria y "encantos para conseguir voluntad de hombres". Los testigos —vecinas envidiosas, criadas despedidas, antiguos amantes— declararon que usaba:
- Filtros y polvos disueltos en bebidas para enamorar.
- Oraciones supersticiosas dichas al revés.
- Conjuros con velas y agujas dirigidos a personas específicas.
- Talismanes con escritos en árabe.
En el imaginario colonial, las hechiceras eran consideradas peligrosas porque combinaban el conocimiento popular europeo con saberes indígenas y africanos. La represión inquisitorial buscaba precisamente cortar esa síntesis cultural.
El proceso en El Tocuyo
El tribunal eclesiástico de El Tocuyo abrió el expediente en 1577. Catalina fue confinada en una casa custodiada mientras se reunían testimonios. El expediente, conservado parcialmente en el Archivo General de la Nación de Colombia y en el de Sevilla, llena varios cientos de folios.
Los testimonios la describen como una mujer:
- Inteligente y elocuente, capaz de discutir con los inquisidores.
- De buena presencia y modales aprendidos en la corte sevillana.
- Carismática, lo que ella misma usaba como argumento de defensa.
Durante el interrogatorio negó la bigamia (afirmaba que sus maridos anteriores habían muerto) y la hechicería (decía que solo era partera y curandera).
El veredicto
Tras un proceso que duró cerca de dos años, el tribunal de Cartagena de Indias —tribunal superior con jurisdicción sobre Venezuela— dictó sentencia. Catalina fue:
- Condenada por bigamia y hechicería leve (no se probó pacto demoníaco formal).
- Sentenciada a azotes públicos en la plaza de Cartagena.
- Y a destierro perpetuo de las Indias.
Murió en Sevilla, ya anciana, alrededor de 1605.
¿Por qué su caso importa?
El expediente de Catalina de Miranda es importante por varias razones:
- Es uno de los procesos inquisitoriales más extensos de la Venezuela colonial y permite reconstruir la vida cotidiana en El Tocuyo en los años 1560–1577.
- Muestra cómo las mujeres podían usar la distancia americana para escapar de matrimonios infelices, en un mundo donde el divorcio era impensable.
- Documenta las prácticas mágico-religiosas populares que sobrevivieron al control eclesiástico, fusionando elementos europeos, indígenas y africanos.
- Su caso fue tratado por Mario Briceño Iragorry en su libro El Caballo de Ledesma y por la historiadora Ermila Troconis de Veracoechea, principal investigadora del expediente.
Memoria en El Tocuyo
A Catalina de Miranda se la considera hoy uno de los personajes femeninos más singulares de la historia colonial tocuyana. No es una heroína convencional: su historia es la de una mujer que rompió todas las reglas de su tiempo, en una sociedad muy reducida —El Tocuyo apenas tenía un puñado de vecinos españoles— donde no había forma de pasar inadvertida.
Su expediente sigue siendo objeto de estudio en programas de historia colonial y de estudios de género en Venezuela y España.